Hace más de dos años de la filtración de unos vídeos realizados profesionalmente por los propios Heraldos del Evangelio en sus instalaciones. Naturalmente debían de ser para su uso privado, tal como hace la juventud de hoy en día: grabarse en vídeo para presumir de sus “hazañas” en sus grupos de amigos, y de esta manera conseguir la admiración y el respeto del grupo. “Pecadillos de juventud”, podríamos decir. No olvidemos que los Heraldos son también adolescentes, ya que acaban de estrenar su “mayoría de edad” hace tan solo un año.

Sin embargo, un alma de Dios, escandalizada por las barbaridades que allí tenían lugar, decidió compartirlas con todo el mundo, para que se conociese la verdadera forma de ser y las prácticas secretas de los Heraldos.
En uno de los videos aparecía Joao Clá Días “exorcizando” a una de sus seguidoras, golpeándole en la cara y la cabeza y balbuciendo maldiciones al supuesto espíritu maligno que parecía poseerla. A raíz de la difusión de dichos videos, a los Heraldos del Evangelio les resultó cada vez más difícil mantener la fachada de institución religiosa pujante, impoluta y respetable que celosamente trataban de ofrecer al exterior, para de esta manera, y apoyados en la aprobación pontificia de 2001, continuar vendiendo su camino de santidad, y así poder seguir recolectando dinero y captando personas para su causa.

Una vez abierta la caja de Pandora, no tardaron en ver la luz otros relatos y videos igualmente escandalosos de “exorcismos” hechos “en nombre de Monseñor” (en lugar de Jesucristo) y aprendimos de la supuesta potencia curativa del agua utilizada por “Papito” en el lavado de su cuerpo o de sus ropas, así como las inauditas “revelaciones diabólicas” relatadas por un supuesto exorcista en las que una pobre mujer, víctima de este circo, anunciaba planes satánicos, que eran recibidas con algarabía y entusiasmo por una audiencia compuesta por unos sesenta sacerdotes que parecían creer “a pie juntillas” cada palabra atribuida al padre de la Mentira.

De la enorme cantidad de páginas leídas de ese loco diálogo entre uno de sus exorcistas y el demonio, contando con la sonrisa y el beneplácito Joao Clá – un poco disminuido por un ictus que sufrió hace unos años – tal vez las más llamativas y alarmantes fueron las relativas al Papa Francisco, tanto para los laicos como para las autoridades eclesiásticas. En ellas se relataba la muerte súbita del sucesor de Pedro, o el poder del maligno para llevar a cabo sus planes en él. El auditorio, formado durante décadas (desde la TFP) en una peculiar forma de ver y entender la realidad del mundo actual, no encontraba esto sorprendente ni chocante. Al contrario, las frases de este diálogo parecían confirmar lo que desde hace tiempo vienen aceptando como verdad incontestable, y a coro manifestaban su alegría gritando “nosa” o “fenomenal” ante un orgulloso Joao Clá.

Fueron estos videos, completos, y sin edición o comentario alguno, los que mostraron al público por primera vez y de forma irrefutable la cara oculta y sectaria de una institución que se creyó más hábil e inteligente que la Curia Vaticana, y supuso que podría ocultar indefinidamente una enorme cantidad de usos y creencias alejadas de la ortodoxia de la iglesia, vividas durante años de aislamiento y fanatismo. Creencias que usan algunos elementos de la doctrina católica, pero que tienen como objetivo no la salvación de las almas sino la construcción y justificación de un conjunto de teorías apocalípticas donde Joao Clá y los Heraldos ocupan un lugar no solo privilegiado, sino de proporciones bíblicas, de las que se sirven para la obtención de recursos económicos de sus seguidores (que han servido, entre otras cosas, para regalarle dos carros blindados a Papito y acondicionar varios helipuertos en sus distintas dependencias).

Lo que un observador casual de los Heraldos tal vez nunca descubra, es que esta institución acumula décadas de experiencia en una muy refinada práctica del arte del doblez y de la mentira. La fachada de institución católica, las frecuentes manifestaciones de obediencia al Papa, y las campañas de difusión de la devoción a la Virgen de Fátima, no son más que técnicas de marketing para lograr la adhesión psicológica y financiera de muchos fieles católicos, que de conocer las verdaderas prácticas y creencias del movimiento no les daría ningún apoyo.

Habría que conocer la dinámica de su mentalidad sectaria para entender por qué no pueden abandonar los Heraldos estas creencias esotéricas que con tanto empeño ocultan, y en las que forman a sus jóvenes adeptos desde que son captados. Pero no pueden hacerlo. El poder del fundador o gurú se basa no en el éxito económico, sino en su infalibilidad profética, su discernimiento y su carisma personal. Dar marcha atrás a cincuenta años de discursos y creencias sectarias destruiría el poder del líder. Y eso no se negocia.

Ahora que se ha descorrido el velo, y con denuncias de abusos de conciencia, sexuales, financieros y de otros tipos, es triste constatar cómo sus portavoces se han embarcado en una defensa desesperada de su “negocio – institución” mintiendo una y otra vez sobre hechos que son cada vez más evidentes.

La primera defensa es simplemente mentir. Los exorcismos no son exorcismos, las bofetadas no son bofetadas, las humillaciones de los capítulos no son humillaciones, y así todo. Se aprovechan de la ignorancia generalizada en materia de doctrina e historia de la Iglesia, para crear un relato que pretende explicar toda práctica que no niegan como legítima. Es de notar también como esta secta pseudo-católica jamás admite un error. Sencillamente, nada de lo que se les acusa está mal (si es que admiten que ocurriese).

El segundo eje de la defensa de los Heraldos es proclamar a los cuatro vientos que ellos son víctimas de una persecución religiosa, y que un ataque a los Heraldos es un ataque a la Iglesia Católica. Otra monumental mentira. La inmensa mayoría de las personas que han denunciado o actuado contra los Heraldos son católicos practicantes, que justamente constatan la desviación del grupo respecto de la doctrina de la Iglesia. De hecho, las autoridades eclesiásticas iniciaron su visita apostólica en junio de 2017, y como fruto de esa investigación el Papa ha nombrado un equipo interventor para tomar el control de la institución y tratar de corregir sus derivas litúrgicas, vocacionales, educativas, financieras… Contra esta realidad, los Heraldos han demostrado cuan falsos son sus fundamentos de obediencia y fidelidad al Papa, ya que al día siguiente de que el interventor quisiera comenzar su trabajo, estos simplemente rechazaron la intervención aduciendo tecnicismos legales y proclamándose víctimas. ¿Cabe mayor infidelidad y cinismo para con la Iglesia? Solicitan primero la aprobación de la Iglesia que utilizan a bombo y platillo como carta de presentación para la obtención de recursos económicos y humanos entre sus seguidores, todos ellos ya miembros de la Iglesia católica; y ahora que el Vaticano observa y quiere corregir determinadas prácticas erróneas, rechazan al comisario nombrado por el Papa aduciendo los mencionados y dudosos tecnicismos… ¡de derecho canónico!

Finalmente, el trabajo más “sucio” en la defensa de los Heraldos es la movilización de sus terciarios y otros simpatizantes, a los que filman declarando a su favor y defendiéndoles ante cualquier “ataque” del “enemigo” sin ellos conocer toda la verdad, claro está. Han escrito miles de cartas a distintas instituciones negando absolutamente todo. Sus testimonios aparecen en redes sociales, y lo peor es que se dedican a intimidar y en algunos casos hasta amenazar de muerte a las víctimas – y familiares – que han tenido el coraje de salir del anonimato denunciándoles ante las autoridades.

¿Que nos deparará el futuro? Es probable que el Vaticano retire su aprobación a los Heraldos del Evangelio. De hecho, algunos Obispos brasileños ya están publicando cartas a los fieles de sus diócesis indicando que la institución no goza de su beneplácito. Los Heraldos naturalmente perderán algo de su base de apoyo, pero ciertamente no toda, y tal vez vuelvan a ser un grupo de laicos como lo eran antes. Al menos su capacidad de engañar escondiéndose detrás de una sotana será menor. Y, si Dios quiere, su máquina de reclutamiento basado en colegios “católicos internacionales” utilizados para la captación de seguidores a partir de los 9 o 10 años, dejen de operar. Sólo esto sería ya una gran victoria, que mantendría a estos niños a salvo de una más que dudosa vocación.