Artículo original: https://istoe.com.br/os-arautos-do-anticristo/

LOS HERALDOS DEL ANTICRISTO

Una serie de denuncias de padres y exintegrantes, apoyadas en vídeos que muestran ceremonias agresivas que involucran niñas, colocan en jaque las prácticas de los Heraldos del Evangelio, organización ultraconservadora católica que también es sospechosa de corrupción.

Por André Vargas, Guilherme Novelli y Giulio Ferrari

En nombre de la fe, la secta ultraconservadora católica Heraldos del Evangelio corrompe, agrede, humilla y acosa a sus devotos – en especial a jóvenes adolescentes –, mientras recauda dinero y promueve la idea de que el apocalipsis cristiano está por llegar. Hay hasta denuncias de violación. Poco a poco, esas quejas ganan el conocimiento de la opinión pública, de la justicia y de las autoridades eclesiásticas, rompiendo una red de silencio que dura más de 20 años y alcanza a 78 países, en especial en Brasil. En Estados Unidos, el FBI ya recibió quejas y una investigación está por iniciarse – IstoÉ entró en contacto con el agente federal encargado.

Nacida de una cisión de la también ultraconservadora denominación religiosa brasileña Tradición Familia Propiedad (TFP), los Heraldos del Evangelio surgieron en 1997, asumiendo un carácter más religioso y menos político que sus antecesores. Mientras la TFP levanta banderas contra temas espinosos de la vida contemporánea, como aborto, feminismo, reforma agraria, socialismo, minorías, ciudadanía LGBTQ y multiculturalismo, los Heraldos son una especie de TFP radicalizada, vueltos hacia una visión del mundo limitada por el concepto de lo que llaman “Reino de María”, que surgiría después de un período de grande inestabilidad llamado “bagarre” (del francés, lucha o caos), anunciado en las apariciones de Fátima, en Portugal, en 1917. O sea, mientras el mundo avanza, ellos se preparan para vivir en comunión con Dios en una existencia que mezcla las escenas de “Mad Max” y “El Señor de los Anillos”. Por tanto, instalan a sus devotos en “castillos”, grandes edificios que imitan palacios de estilo gótico que sirven de morada y templo cristiano – cuatro de ellos en los alrededores de Sao Paulo, cobijando a 500 alumnos. Existen escuelas en 16 países.

Ahora, cualquiera puede creer lo que quiera. Es una cuestión de fe – y ella debe ser respetada. El problema son las acusaciones de crímenes perpetrados en los “castillos”, mientras el fin prometido no llega. En 2017, un grupo de 50 madres de víctimas de los Heraldos denunció el grupo a la Fiscalía de Sao Paulo y al Vaticano. La investigación secular sigue en secreto de justicia, así como la religiosa. Pero nuevos casos fueron apareciendo. En una de las denuncias, el fundador, monseñor Joao Clá Días, de 80 años, es acusado de abuso sexual por una exintegrante. Huérfana de madre, una joven canadiense, hoy con 27 años, vino a Brasil a estudiar a los Heraldos. Ella relata en carta que, cuando tenía 12 años, fue abusada por Joao Clá, que tocó sus senos y nalgas y la besó. En 2014, a los 22 años, se consiguió apartar de la congregación. Su hermana mayor, que era su tutora, permaneció. Su denuncia está registrada. De los 46 relatos entregados a las fiscalías y secretarías estatales de educación, cuatro son de abuso sexual. Los otros involucran malos tratos, alienación parental y abuso psicológico. Hubo hasta un registro de suicidio. En junio de 2016, Livia Uchida, de 27 años, se habría tirado de una ventana del cuarto piso del convento de Monte Carmelo, en Caieiras.

Videos obtenidos por IstoÉ muestran a monseñor Clá agrediendo a niñas con bofetadas. En uno de ellos, una adolescente asegurada por los brazos mientas está siendo filmada por adultos, dice: “Tengo que salir”. Son escenas de pura humillación. Es forzada a hacer votos de obediencia, castidad y pobreza. En otro video, se fuerza a una niña a besar los pies del religioso. Son los “ósculos sacrales”, besos sagrados dados por el líder como una forma de obtener gracias por parte de la víctima, sea lo que sea que eso quiera decir. En la ley escrita para una sociedad laica y plural eso es crimen.

Sin compresas (toallas higiénicas)

En Carapicuiba, del Gran Sao Paulo, la dueña de casa Flavia Silva Nascimento, de 42 años, pasó penurias para rescatar a su hija S., hoy de 17 años. Procurados por predicadores de los Heraldos que visitaban la parroquia de San Lucas, la familia, que es católica practicante, vio la oportunidad de colocar a su hija en una buena escuela religiosa. No fue lo que ocurrió. A los 12 años, S. pasó por un proceso de lavado cerebral. En vez de estudiar, tenía que rezar y memorizar los textos de Joao Clá y Plinio Correa de Oliveira (1908-1995), fundador de la TFP. Viviendo bajo una disciplina rígida, inspirada en normas militares, ella no tenía ni siquiera acceso a compresas para menstruación. Ella y sus colegas no recibieron nociones de salud ni orientación sexual. En vez de eso, fueron obligadas a hacer sus “votos” como si fueran religiosas adultas y responsables por sí mismas. Durante las vacaciones familiares en la playa, la adolescente se negó a sacarse la túnica de los Heraldos. Sólo pisó la arena el último día. Estaba con botas.

Alérgica y con crisis de asma, la salud de S. se fue deteriorando. La médica con quien la familia solía atenderse fue la que dio la alerta. La madre decidió rescatar a la hija, incluso contra su voluntad inicialmente, después de asistir un video en que Joao Clá aparece como si estuviese practicando un exorcismo en una joven que está siendo asegurada por los brazos. La niña parece asustada y es abofeteada por el religioso. “La familia entró en crisis”, cuenta la madre, al recordar el proceso de retirada de la hija del yugo de los Heraldos. S. huyó de casa dos veces. Hasta que poco a poco entendió que la vida era mejor del lado de afuera. Antes con buenas notas, percibió que se había quedado atrás, pues no había aprendido ni química, ni física, ni biología, ni historia. Incluso así, todavía viste ropas más conservadoras que su madre y conserva algunos resquicios de disciplina. S. relata que la adoración a Joao Clá llega a niveles extremos. Ella y sus colegas ingirieron agua que, afirman sus superiores, habría sido dejada en un recipiente después de que monseñor se enjuagó. “Tuve problemas emocionales, llegué perturbada, pero hoy estoy mejor. Los Heraldos dicen que uno tiene que sufrir. No creo más en eso”, dice.

“Tuve problemas emocionales. Los Heraldos dicen que uno tiene que sufrir”. S., de 17 años, que volvió a casa después de 3 años de internado donde se enfermó.

Está también el brutal caso de un fiel que fue drogado e internado en una clínica psiquiátrica sin autorización de la familia. Residente en la ciudad de San Carlos, estado de Sao Paulo, Alex Ribeiro de Lima, hoy con 39 años, nos contó frente a las cámaras su desgracia. Tenía 15 años cuando ingresó a la TFP, migrando a los Heraldos justo después, donde actuó como lego. Ya adulto, su función era levantar fondos, misión que lo llevó a Portugal e Italia. Eficiente en el trabajo, besó los pies del monseñor y participó de una ceremonia de “sagrada esclavitud”. Su vida se derrumbó después de 18 años de sumisiones. A los 32 años fue internado a la fuerza en una clínica para drogadictos en Jundiaí (Sao Paulo), después de una crisis de ansiedad. Alex mal se acuerda de ese período, pues quedó bajo una fuerte medicación, sin que su familia tuviese conocimiento. Sólo le dieron el alta después que su hermana descubrió todo y amenazó con llamar a la policía. “Quedé amarrado y tuve mucho miedo. Yo decía que no estaba loco”, cuenta. Alex llora y pide disculpas cuando relata su calvario personal, que terminó en abandono. “Ellos me usaron y me dieron una patada. Sólo quieren controlar a las personas”, dice.

Frente a tantas barbaridades, también aparecieron otros crímenes. Exintegrantes afirman haber visto armas de fuego en algunos castillos. Serían revólveres, pistolas y hasta escopetas. La relación de los artefactos con la actividad religiosa no está aclarada. Tampoco se sabe el origen de las armas. El exheraldo Daniel del Río, de 46 años, cuenta que hubo también contrabando y evasión de divisas. Dinero de donaciones que entraría a Brasil oculto en las ropas de los heraldos al regreso de presentaciones de la orquesta y viajes de recaudación. El dinero serviría para apresurar las licencias de construcción y ampliación de los monasterios, además de “agrados monetarios” para autoridades civiles y religiosas. ExTFP, Del Río fue de los Heraldos por seis años y salió en 2002. “Quiero derrumbar a esa organización”, dijo en audio enviado desde España, donde volvió a vivir.

¿Culpa de la víctima?

En medio de la investigación de este reportaje, hubo una tentativa de censura previa. Abogados de la entidad interpusieron un “pedido de tutela anticipada” para impedir cualquier publicación sin oírlos – lo que fue denegado por la justicia. Procurados por ISTOÉ, la entidad sólo se manifestó por medio de sus representantes legales y por escrito.

Sobre las acusaciones de malos tratos, exigen pruebas y responden con represalias legales. Los videos están ahí. Ellos argumentan que nadie fue agredido y que las imágenes fueron captadas de “manera ilícita” y en “contexto de piedad privada, en el ámbito de inmemoriales prácticas litúrgicas de la Iglesia Católica”. También dicen que las alumnas pidieron tal procedimiento. O sea, cargan la responsabilidad a las víctimas. La argumentación de los abogados podría hasta ser usada por radicales musulmanes para justificar el apedreamiento de mujeres hasta la muerte. Cuando les preguntamos sobre eventuales castigos a los involucrados, alegan que “la autoridad competente para evaluar ese tema es la eclesiásticas”. Se consideran víctimas de persecución religiosa de una minoría de descontentos. Puro cinismo. Pegar a un niño es crimen en Brasil, así como abusar sexualmente, maltratar e impedir el convivio con los padres. El día que los Heraldos se purifiquen de las máculas de sus integrantes, lo que sobra será mero conservadurismo.

Asiste a los vídeos

Testimonio de Alex Ribeiro, exheraldo que fue internado a la fuerza en una clínica psiquiátrica des pues de sufrir una crisis.