Lo que esconden las murallas de los castillos habitados por grupo católico ultraconservador.

Cinco castillos esparcidos por el país albergan miles de niños y jóvenes brasileños bajo los cuidados de una comunidad religiosa que practica rituales secretos. Padres acusan a la institución de crímenes como abuso físico y psicológico. El Vaticano y el Ministerio Público están investigando.

Por Mirelle Pinheiro y David Ágape – 23/08/2019
imagens: Rafaela Felicciano – Arte/Metrópoles

(Artículo original: https://www.metropoles.com/materias-especiais/arautos-do-evangelho-os-segredos-escondidos-nos-castelos-do-grupo-catolico)

Vestidos con hábitos en estilo medieval, cadenas en la cintura y botas de caballería, hombres y mujeres representan movimientos minuciosamente ensayados, semejantes a los ejecutados por militares. Construyen basílicas y viven en palacios que recuerdan castillos europeos. Siguen al pie de la letra un manual de costumbres, estudios y oraciones. Deben mantener, también, disciplina de pensamiento. Son los Heraldos del Evangelio, comunidad de poco más de tres mil personas en Brasil que nació con base en dogmas católicos y está sometida a una rutina de principios ultraconservadores. Este grupo también alberga niños y jóvenes que viven en régimen de internado.
Los Heraldos del Evangelio constituyen desde 2001 una asociación privada de sacerdotes de derecho pontificio, o sea, religiosos que ostentan un estatuto aprobado por el Vaticano, reconocidos, por tanto, por la Iglesia Católica. En 2017, el grupo entró en la mira de la Santa Sede y, desde el año pasado, el Ministerio Público investiga las actividades de esta organización.
A lo largo de las últimas semanas, Metrópoles estuvo en cuatro capitales que tienen sedes de los Heraldos. Visitó castillos, entrevistó ex-integrantes y familiares ligados a los devotos. Los reporteros también tuvieron acceso a una representación protocolar junto al Ministerio Público de Sao Paulo (MPSP) que discurre en secreto de Justicia. Los relatos son chocantes.

Hace dos años, salieron a la luz pública vídeos en que líderes religiosos de los Heraldos del Evangélio supuestamente practicaban exorcismos en menores de edad.
(https://www.metropoles.com/distrito-federal/religiao/investigado-por-exorcismo-grupo-religioso-tem-sede-em-brasilia)

Las grabaciones muestran el momento en que los encargados de los rituales daban bofetadas en la cabeza a adolescentes y niños. Las escenas se viralizaron. Pero la onda pasó y los heraldos volvieron al anonimato, adoctrinando jóvenes a partir de una rutina que comenzó a ser cuestionada por padres y, ahora, se convirtió en blanco de las autoridades.
Las imágenes de 2017 son, en verdad, un marco de una realidad oculta con serios indicios de faltas al Estatuto del Niño y del Adolescente (ECA), ley que resguarda los derechos de los menores.
Los testimonios señalan que niños a partir de los 7 años pueden estar siendo víctimas de alienación parental, lavado cerebral, asedio sexual, estupro, violencia física y psicológica, bullying, violación y control de correspondencia.
Los efectos de este caldo de supuestos crímenes fueron relatados en decenas de testimonios a los cuales este reportaje tuvo acceso. En general, los jóvenes que dejaron de convivir con los heraldos se quejan de trauma emocional y gran dificultad de volver a socializar, incluso en el ambiente escolar, ya que hay diferencias sensibles entre la formación pedagógica curricular normal y aquella que se ofrece dentro de los internados.

CAPÍTULO I: CÓMO LOS NIÑOS VAN A PARAR A LOS CASTILLOS

Todo comienza con el abordaje de representantes de los Heraldos del Evangelio a padres y estudiantes, generalmente reclutados en iglesias y escuelas. Dentro de esa comunidad religiosa, los integrantes son entrenados para presentar un proyecto social que incluye actividades pedagógicas y lúdicas, y a escoger un tipo determinado de perfil. Aunque presentan la propuesta en las clases de los escolares sin hacer distinción, a la hora de la selección – que, supuestamente, se da por sorteo –  escogen a los estudiantes que cumplen con los prerrequisitos preferenciales de la institución religiosa. Generalmente, los indicados son niños blancos de clase media o baja.

Una vez seleccionados, los jóvenes son invitados a participar de actividades extracurriculares en una sala de las sedes del movimiento, que son construcciones convencionales. En Brasilia, por ejemplo, el espacio de recreación funciona en QI 25 del Lago Sur, barrio noble de la capital federal. Después de cuatro semanas frecuentando asiduamente el lugar, algunos ganan becas para estudiar en la escuela mantenida por los Heraldos del Evangelio. En el caso del Distrito Federal, la institución de enseñanza queda al fondo de un campo de fútbol de césped sintético en la segunda avenida del Núcleo Bandeirante.
En diciembre de 2018, la escuela consiguió del Gobierno del Distrito Federal (GDF) autorización para funcionar. De acuerdo con el Diario Oficial del DF, el registro es “en carácter excepcional y a título precario”. El colegio recibe niños de 1° a 9° año de enseñanza elemental. El abordaje a los menores en el Distrito Federal fue blanco de denuncia de padres a la Secretaría de Educación del GDF. El expediente aclara el caso.
Después de las etapas de recreación y convivencia escolar, ya en una tercera fase, algunos de los estudiantes que se adaptaron a la convivencia con los heraldos son llamados a vivir en uno de los cinco castillos construido por el grupo religioso en Brasil. De esos, dos quedan en la Sierra de la Cantareira, en Sao Paulo. También hay unidades en Ubatuba (SP), Embu das Artes (SP) y Maringá (PR). La última sede inaugurada por los Heraldos del Evangelio fue en Nova Friburgo, en Rio de Janeiro.
Hasta el paso a los internados, los padres mantienen un contacto próximo con los hijos y los instructores. Participan de eventos extracurriculares, reuniones, oraciones y reciben visitas de los religiosos en sus casas, en una relación saludable, que crea una sensación de confianza.
Los problemas comienzan a ocurrir, según los relatos de padres y de ex-internos, cuando se autoriza la ida a los castillos. Sólo en la unidad masculina de Caieiras, en la Sierra de la Cantareira, están confinados 150 jóvenes. También está la casa de la niñas, llamada Monte Carmelo. Las sedes quedan a cuatro kilómetros una dela otra. Detrás de las rejas, los niños y jóvenes pasan a tener poco o ningún contacto con el mundo exterior.
El reportaje de Metrópoles estuvo en el internado masculino, donde es posible hacer una visita guiada por la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, que hace parte del complejo. En la casa donde están acomodadas las niñas, la entrada de visitantes se restringe a las misas de los domingos.

LO QUE OCURRE DENTRO DE LOS CASTILLOS

La vida de los religiosos dentro de los monasterios está orientada por el toque de las campanas. Hay un horario determinado para despertar, hacer oraciones y dormir. Todo está regido por un riguroso manual de conducta llamado de Ordo – Usos y Costumbres. Los que no siguen las normas al pie de la letra sufren penalidades, como quedar horas de rodillas o días en completo silencio.
Actualizada con frecuencia, la publicación cuenta con una breve historia de los Heraldos del Evangelio y proporciona instrucciones que van desde cómo hacer la señal de la cruz en la oración hasta el modo de doblar una servilleta, como también las maneras correctas de alimentarse y vestirse. Todas las recomendaciones son acompañadas de citas de Joao Scognamiglio Clá Dias, tratado en la congregación como monseñor. A los 80 años, recién cumplidos el 15 de agosto, el paulista es el líder máximo de los Heraldos del Evangelio, entidad que, más allá de Brasil, tiene células en 78 países.
Clá Dias bebió de la fuente de Plinio Correa de Oliveira, el fundador de Tradición, Familia y Propiedad (TFP). Se trata de una organización civil católica conservadora creada en 1960. Su característica política en la época de la dictadura era el anticomunismo (lea más abajo).

AL SONIDO DE LAS CAMPANAS

Temprano en la mañana, después que suenan las campanas, los internos reciben la orientación para retirar el cobertor con la mano derecha o la izquierda (dependiendo del lado en que esté la cama). En la secuencia, de rodillas, hacen la primera oración diaria.
Los heraldos cargan un libreto llamado Preces, que reúne oraciones para ser leídas durante el día. Tienen instrucciones hasta para bañarse y lavar las manos. Primero, se debe uno enjabonar la cabeza y el rostro. Después, el cuello y el tronco, siguiendo para la parte del frente, sólo entonces, la espalda. Siempre iniciando por el miembro derecho, después el izquierdo. Los adeptos asignan jerarquías a las partes del cuerpo.
Los órganos sexuales son tabú. Nunca deben aparecer en conversas, ni siquiera en el material pedagógico, según los relatos de ex-heraldos. Se les recomienda a todos que no observen ningún cuerpo desnudo, ni siquiera el propio, mucho menos el de los colegas. Las televisiones están prohibidas, las músicas tocadas son apenas cantos religiosos y composiciones clásicas. Deben participar de por lo menos una misa diariamente.
Las refecciones son preparadas por empresas externas o por heraldos que actúan sólo para este fin, servir. Son llamados de intentendes. No está permitido comer fuera del horario ni en las dependencias de la cocina.
Eventuales salidas de los templos también son señalizadas por medio de toque de campanas. Después de la alerta, los jóvenes tienen un tiempo para entrar en el vehículo – caso contrario, son dejados en la sede. El comportamiento adoptado dentro del vehículo es minuciosamente relatado en el Ordo.
La regla es evitar distracciones. No se debe mirar por la ventana. Por eso, se recomienda siempre llevar un libro con oraciones o fotos. Al bajar, los heraldos tienen que caminar con la cabeza y los hombros erguidos, sin balancear los brazos de forma exagerada, no hablar alto y evitar llamar la atención “moviendo el cabello o riéndose”.

CAPITULO II: LAVADO CEREBRAL Y EL DISTANCIAMIENTO DE LA FAMILIA

Las entrevistas de ex-internos y de sus familiares al reportaje y las declaraciones presentadas al Ministerio Público guardan una característica en común: describen dos etapas muy distintas de la experiencia de la convivencia con los Heraldos del Evangelio. Como en el guión de una película, la primera fase recuerda un cuento de hadas. Todo gira en torno a un ambiente de belleza y de armonía. Niños y jóvenes, muchos de ellos de origen humilde, se encantan con la posibilidad de vivir en un castillo rodeado de jardines floreados, en la compañía de colegas de la misma edad, comiendo pizza y chocolate en las refecciones. Usan uniformes medievales, tienen acceso a instrumentos y practican artes marciales. Parece un sueño. 
El acceso a una rutina que muchos padres no pueden ofrecer a sus hijos tiene un precio que no se cobra en dinero. Pero, después de un tiempo, se convierte en un drama para muchas familias que prácticamente pierden el contacto con sus hijos.
Es cuando la narrativa entra en una segunda etapa, de esta vez con características de película de terror. En sus testimonios, jóvenes cuentan que pasan por una “reprogramación” para desapegarse de sus lazos familiares. Los internos son orientados y alentados a cortar el vínculo con los parientes. Les es dicho y repetido continuamente que sus verdaderos padres son Joao Clá, el fundador del movimiento, y Lucilia Ribeiro dos Santos Correa de Oliveira. La mujer es la madre de Plinio Correa de Oliveira, el hombre que inauguró la orden Tradición Familia y Propiedad, el principal pilar de los Heraldos del Evangelio. Los hermanos son aquellos con los que comparten la vida en los castillos.
La transición es gradual, pero comienza a ocurrir tan pronto como los jóvenes son llevados al internado. Con un día a día repleto de funciones y actividades, sobra poquísimo tiempo para el contacto con familiares. Dentro de los castillos, los estudiantes no pueden tener teléfonos celulares. La única forma de comunicarse es por medio de teléfono fijo o de visitas personales. Como el tiempo es corto y son muchos los jóvenes, las llamadas ocurren pocas veces por mes y se vuelven cada vez más raras.

ENCANTOS Y DESENCANTOS

Una vida supuestamente rodeada de encantos atrajo a L.S. para los Heraldos. Hoy con 18 años, cuenta que tenía apenas 10 años cuando pasó a vivir con el grupo. Soñaba en ser astronauta y explorar las estrellas. “Mi vida cambió cuando personas que vivían en castillos y vestían ropas bonitas vinieron hasta mí para decir que, entre millones de personas en el mundo, Nuestra Señora me había escogido para ser una de sus hijas predilectas”, cuenta la joven. Ella recibió a los reporteros de Metrópoles en su casa, que queda en Tabao da Serra, en la Región Metropolitana de Sao Paulo.
La joven se recuerda que siempre fue fan de los cuentos infantiles, veía dibujos animados de Disney, veía novelas mejicanas infantiles que presentaban internados como un lugar divertido, con la posibilidad de hacer amigos y de jugar. L. S. era amante de los libros y tenía el sueño de estudiar en un colegio particular. “Ellos me prometieron un castillo, la mejor escuela y una biblioteca con suelo y mesa de mármol, los libros eran con tapas duras y letras doradas. Estaba en el cuento de hadas que siempre quise estar”, cuenta.
A lo largo de los años, la convivencia con las hermanas de hábito se fue volviendo cada vez más difícil. Vivió en el castillo de la Sierra de la Cantareira durante cinco años. Distante de la familia, L. S. cambió su comportamiento. “La realidad fue bien cruel conmigo. Perdí lo mejor que tenía, mi alegría. Era siempre así: ‘Correr en la iglesia es feo, no puedes hablar, siéntate recta, no te comas las uñas, no cuestiones, no cuentes nada a tu madre, no reclames, no puedes jugar, sé adulta, adora a Joao Clá, besa la mano del padre, miente a tu papá, no hables con mendigo, no mires para el lado, repite, no pienses, sino te irás al infierno’.”
La vida regida por el Ordo (el manual de costumbres y conductas de los Heraldos del Evangelio) fue moldeando L. S. de una forma inesperada. Ella describe que los horarios eran rellenados con muchas actividades. A diferencia de lo que ocurría en la primera fase, fuera del castillo, la rutina del internado no tenía espacio para pasatiempos. La joven dice que las normas tienen la función de “estandarizar mentes y crear robots”. A partir del momento en que comenzó a cuestionar el motivo de todas las reglas, la joven pasó a tener problemas. Y acabó sometida a dos sesiones de exorcismo.
“DECÍAN QUE YO ESTABA POSEÍDA POR ESPÍRITUS. TUVE QUE TOMAR ACEITE Y FUI LLEVADA A UN SACERDOTE. TODOS ESTABAN ESPERANDO QUE ALGO OCURRIESE. UNA ENCARGADA PELEÓ CONMIGO PORQUE NO OCURRIÓ NADA DIFERENTE. DESPUÉS, ME EMPECÉ A SENTIR MAL A CAUSA DE LA INGESTIÓN DE MUCHO ACEITE. CONSIDERARON, ENTONCES, QUE POR FIN EL MAL SE ESTABA MANIFESTANDO, Y ME SOMETIERON A OTRA SESIÓN DE EXORCISMO”  L.S., EX-HERALDO
L. S. comenzó a tener problemas psicológicos y ya no conseguía hablar. Frente al comportamiento de la joven, los heraldos decidieron enviarla de vuelta a su casa.
El proceso de volver a la sociedad no fue fácil. A pesar de tener 15 años en la época, hasta actividades normales y corrientes, como cruzar la calle, eran un desafío frente a todo el tiempo de aislamiento. La familia, entonces, decidió salir de Sao Paulo e ir para el interior del Noreste, hasta que la hija pudiese volver a comunicarse mejor con las personas y readaptarse.

CERCA DE LOS HERALDOS Y LEJOS DE LOS PADRES

El cuarto con paredes de color lila, los osos de peluche encima de la cama, las piedras de colores en el estante y la colección de conchas en el mueble nos presentan un poco de la personalidad de B. P., la hija de 21 años de la contadora N. P., de 49 años. La madre relata que la joven amaba pasear, leer, ir a la playa. “Desperdiciaba alegría en esa época pasada”, cuanta la mujer, que vive en un barrio de clase media en el municipio de Osasco (SP).
La rutina de la familia, sin embargo, cambió cuando B. P., a los 11 años, comenzó a frecuentar las clases del instituto de los Heraldos del Evangelio en Sao Paulo. La madre dice que, al comienzo, la convivencia con los religiosos era constante. Había reuniones, oraciones y cenas en abundancia. “Después de seis meses frecuentando el proyecto Futuro y Vida, mi hija se ganó una beca de estudios. Recuerdo de llorar mucho y arreglar sus cosas en la maleta”, se recuerda la contadora.
Después del primer año de internado, la hija de N. P. inició las actividades también en los fines de semana y las vacaciones. Las visitas a los padres se volvieron escasas. “Ella nos decía que necesitaba dedicarse a la vida religiosa, pero yo te pregunto: ¿cómo es posible decidir ser monja a los 11 años?”, cuestiona la madre. En 2010, la niña escribió una carta en que hablaba sobre su vocación.
La joven, que adoraba los maquillajes y las historias infantiles, se fue transformando en una persona más fría y llena de secretos. Los objetos de deseo de una pre-adolescente fueron, poco a poco, siendo almacenados en cajas guardadas en el cuarto. “Ella no dejaba de usar el hábito y las botas, incluso cuando está en casa con nosotros. No cuenta lo que ocurre allá. Evitar ir a la misa o hacer oración cuando está con nosotros. Esos comportamientos nos fueron dejando preocupados sobre lo que de hecho está aprendiendo en ese lugar”, se desahogó.
Cuando B. P. cumplió 18 años, su madre recibió una llamada de la hija que la dejó sin reacción. “Ella me dijo que, mayor de edad, nosotros no iríamos a interferir más en sus decisiones. Nunca me paré a pensar en esa cuestión de los 18 años porque nunca creí que con esa edad el padre perdería el derecho sobre su hijo. Siempre respeté el camino que ella escogió seguir, pero definitivamente no estaba dispuesta a abrir la mano de tenerla cerca”, dice la madre. Emocionada, afirmó a Metrópoles que todavía espera por el regreso de su hija.
En cierta ocasión, las divergencias familiares en torno a los Heraldos del Evangelio se volvió un caso de policía. Durante una visita que B. P. hizo a los padres, la madre aprovechó para tener una conversación seria con la hija. Quería que la joven se matriculase en otra escuela y dejase el internado. “Ella fue al baño y mandó un mensaje para las hermanas, diciendo que estaba presa dentro de casa. De repente, la Policía Federal tocó en mi puerta, y el agente dijo que tenía una denuncia por cárcel privada. Mi mundo se desmoronó”, afirmó la mujer.
La familia fue a la comisaría dentro de la patrulla. El comisario explicó que la joven había denunciado y presentado testimonio contra los padres, alegando que estaba siendo obligada a quedarse en casa. El caso fue registrado y, posteriormente archivado. “¿Cómo una persona religiosa hace eso con los propios padres? ¿Cómo una institución que se dice religiosa tiene el coraje de llamar a la policía en esa situación? ¿Por qué no hablaron para que conversara conmigo?”
Los recuerdos que la madre prefiere guardar de la hija, hoy con 21 años, son memorias de la infancia. Recuerda a la niña que se divertía buscando conchas en la playa, que tenía como uno de sus accesorios preferidos un bolso blanco y que le gustaba mucho leer y escribir. Las memorias permanecen en aquel mismo cuarto. Las sábanas con temas infantiles son cambiadas semanalmente. Las ropitas de una niña de 11 años todavía llenan los cajones.

SUEÑO DE PRINCESA

Las ropas en estilo medieval y la posibilidad de vivir en un castillos hicieron con que A. B., a los 7 años, soñase en hacer parte de los Heraldos. Ella se quedó encantada al conocer una de las integrantes de la orden durante la visita al santuario de Aparecida, en Sao Paulo. Después de frecuentar las clases, escribió una carda dirigida al fundador, Joao Clá, pidiendo una beca en la escuela. “Me quedé allá dentro entre 2015 y 2018. Al comienzo era todo nuevo, encantador. Me sentía algo diferente, sentía que era mi lugar”, contó al joven, que a lado de la madre – R. M., 41 años – recibió a los reporteros en casa de una vecina en Osasco (SP).
Así como en los demás casos relatados, hubo una ruptura de convivencia con la familia. Según la niña, hoy con 14 años, quien muestra apego y dependencia en relación a los padres biológicos era blanco de críticas dentro de la escuela. La familia era llamada de FMR – Fuente de Mi Revolución. Y quien quisiese seguir el camino de la santidad debería evitar contacto con los “revolucionarios”, incluyendo los propios padres. La madre cuenta que impidió que su hija recibiera el hábito. “Ella no estaba en la mínima condición de escoger convertirse en monja en aquella edad. Percibí que, durante las visitas, ella estaba distante, evitada quedarse cerca de mí. Soy del noreste, la llamo de mi bebé hasta hoy. No quería que esa relación cambiase”, contó.
En 2018, la relación desgastada entre la madre de A. B. y los dirigentes de los Heraldos acabó resultando en el retorno de la adolescente a la familia. “Hoy, tengo una vida normal, hice amigos y descubrí quién soy, no era nada de aquello que un día me hicieron creer”, dijo la joven.

CAPITULO III: LA MUERTE MISTERIOSA DE LA JOVEN QUE SE VOLVIÓ “SANTA”

Uno de los casos más emblemáticos ocurridos dentro de uno de los castillos que reúnen a los Heraldos del Evangelio ocurrió hace tres años. Una joven fue encontrada muerta después de caerse de la ventana de sus aposentos. La policía trabaja con la hipótesis de suicidio, la familia de la joven no acepta la versión y los heraldos tratan el episodio como un acto de santidad. Desde el incidente, la estudiante es venerada en la comunidad como santa. Hay colgantes y reliquias con su rostro.
Por primera vez desde la trágica muerte de la hija, su madre habló sobre el asunto en una declaración al periodista de Metrópole Nelza Cristina. 
El relato doloroso aborda tres años de recuerdos y expone preguntas que todavía están sin respuesta. La enfermera paraibana Zélia Salvador de Assis, 62, no acepta hasta hoy las explicaciones sobre la muerte de la hija, Lívia Natsue Salvador Uchida, entonces con 26 años, en una de las edificaciones de la sede de la asociación Heraldos del Evangelio en la Sierra de la Cantareira (SP), ocurrida el 27 de julio de 2016. El día 5 de septiembre, la joven completaría 27 años.
La explicación dada en época es que Lívia se habría caído de la ventana de su dormitorio, en el cuarto piso, mientras hacía limpieza en el lugar. La madre no cree en esa versión. Así que llegó a Sao Paulo, después de recibir la noticia, estuvo en el recinto.
“HABÍA UN BALDE CON AGUA LIMPIA, UN PAÑO LIMPIO Y NO HABÍA NINGUNA MARCA DE ZAPATO EN EL MÁRMOL DE LA VENTANA” ZÉLIA DE ASSIS, MADRE DE LÍVIA.
Poco a poco, ella fue reuniendo informaciones que sólo reforzaron la sospecha de que había algo errado. La hija había muerto por la mañana, pero el Servicio de Atención Móvil de Urgencia (SAMU) sólo fue llamado en torno a las 12h30 y la policía, activada a la 17h. Las botas de la joven fueron retiradas sin ninguna explicación. Zélia afirma que nunca tuvo acceso a los registros de las cámaras instaladas en el lugar.
La muerte de Lívia fue comunicada a un pariente. Al saber de la noticia, madre e hijo, cerca de una año y medio mayor que la joven, viajaron inmediatamente a Sao Paulo. “Embarcamos de madrugada. Fui rezando para que aquello no fuese verdad”, cuenta.
En el lugar, según la mujer, un policía les informó que todo aquello no pasaba de un accidente y que debía conformarse. Pero, después, un delegado de Caieiras ponderó que mucha cosa todavía debía ser explicada sobre el caso. Fue cuando Zélia resolvió reunir algo de dinero y contratar dos abogados.
La paraibana, sin embargo, no tuvo suerte en la iniciativa. Uno de los abogados se quedó en el caso a penas tres meses, y el otro dejó el caso después de un año. La ocurrencia acabó siendo archivada por indicio de suicidio.
La madre no desistió y dijo que todavía va a intentar reabrir el caso. “Aquella niña era tan dulce y talentosa, pintaba, cantaba, tocaba saxófono, eso no podía acaba así. Era de una dulzura sin igual”, relata la madre con añoranza.
Sobre la santificación de la joven por los Heraldos del Evangelio, la enfermera desconfía que la actitud fue en el sentido de encubrir las causas de la muerte. “Creo que ellos hicieron eso para intentar encubrir alguna cosa”, dice la madre.
Dilacerada por el dolor de la pérdida de una hija, Zélia todavía tuvo que escuchar versiones fantasiosas para la tragedia. En una de ellas, la joven se habría tirado atendiendo a un pedido de Jesús.
Cuando estuvo en Sao Paulo para la misa de un año de la muerte de Lívia, Zélia se quedó espantada al ver que todos la felicitaban a ella y a su ex-marido por ser los “padres de una santa”. “Me quedé espantada, sin saber cómo reaccionar. Cuando decía que prefería a mi hija viva, ellos afirmaban que eso era una blasfemia, que yo debería estar feliz de tener una hija santa”, cuenta.
En el salón de su apartamento, en Joao Pessoa (PB), Zélia relata los acontecimientos. En el lugar, mantiene un cuadro con una imagen de Jesús, muchas plantas, fotos y algunos mensajes positivos en las paredes. Cuestionada sobre si perdió la fe, ella dice que no, pero afirma no seguir ninguna religión.
Entre las fotos de Lívia esparcidas por la mesa, Zélia recuerda que la joven fue llevada a los Heraldos del Evangelio por iniciativa del padre, un dentista hijo de japoneses. “Conocí a mi ex-marido en Rondonia, cuando fui a visitar a un hermano. Nos casamos y tuvimos tres años y medio de relación maravillosa”, relata.
Zélia no sabía que en la adolescencia su marido había sido parte de la comunidad de los heraldos. Ya viviendo en Lins, interior de Sao Paulo, el hombre pasó a quedar bajo la influencia de su hermano, integrante de la comunidad. Terminó volviendo a formar parte del movimiento e intentó llevar a los dos hijos consigo. La niña acompañó al padre. Pero, después de un tiempo, el hijo mayor desistió de la rutina de los castillos.
“Viajé un período, y mi cuñado habría quedado encerrado con mi ex-marido durante una semana. Fue cuando él decidió volver para los Herados del Evangelio”, cuenta Zélia. A partir de ahí, su matrimonio empezó a desgastarse.
El padre llevaba los hijos los fines de semana a las actividades de la asociación. Zélia cuenta haber intentado integrarse, pero no consiguió. “Aquella adoración al líder era insoportable”, relata. El matrimonio se separó por primera vez cuando Lívia tenía 7 años. Zélia, entonces, se mudó con los niños para Paraíba, su estado de origen. Poco tiempo después, sin embargo, fue convencida por su ex para volver a Sao Paulo. Cuando llegó a la capital paulista, descubrió que él no se había apartado de los Heraldos del Evangelio.
Los hijos continuaron frecuentando la asociación los fines de semana. Eran sometidos a un entrenamiento duro, “comparado al militar”. La niña parecía adaptada, pero el niño no.
“CUANDO NO HACÍAN ALGO BIEN, LES PEGABAN EN LAS MANOS, LOS HUMILLABAN. ELLOS NO PODÍAN VER TELEVISIÓN, SALÍAN DEL COLEGIO DIRECTAMENTE PARA LA CASA. MI HIJO EMPEZÓ A CUESTIONAR TODO AQUELLO, LOS TRAJES Y LOS EJERCICIOS PESADOS”. ZÉLIA DE ASSIS, MADRE DE LÍVIA.
 Un día, cuando los hijos estaban con 12 y 13 años y medio, el niño llegó a casa gritando. “Pedía que lo sacase de aquél infierno. Fue cuando decidí salir de casa con los niños. Todavía intenté por 15 años, entre idas y venidas, mantener el matrimonio, incluso con todas las dificultades, pero no daba más”, explica Zélia.
Después del pedido de socorro del hijo, la enfermera jubilada cuenta que preparó la mudanza inmediatamente. “Era un sábado. El personal del camión llegó y recogió todo, pero, a la hora de salir, mi hija se encerró en el cuarto. Por más que insistí, ella no salía de allá. Decidí irme y salvar por lo menos uno de los dos. No había nada más que pudiese hacer en aquel momento”, dice, emocionada.
Durante un tiempo, Zélia solía visitar a su hija, pero los encuentros siempre eran acompañados por el ex-marido. “Mi hija me dijo, con aquel modo dulce, que me quedase tranquila, pues ella se quedaría con el padre para cuidar de él”, recuerda.
La hija de Zélia llegó a vivir en el castillo de los Heraldos del Evangelio por 14 años. “Andaba con aquellas ropas pesadas, usaba botas. Cuando iba a Sao Paulo, siempre compraba ropas para ella. Pero, cuando Lívia regresaba, ellos le colocaban los uniformes de vuelta”, relata.
Actualmente, Zélia participa de un grupo de personas que tienen o tuvieron hijos o parientes en la organización religiosa. “Mi meta hoy es ayudar a cuantos jóvenes yo pueda a salir de allá”, afirma.
¿Zélia habría hecho algo diferente? “Si. Habría insistido más para sacarla de allá. Habría respetado menos la voluntad de ella, su libre arbitrio. Y es eso lo que aconsejo hoy a los padres que me procuran en busca de ayuda. Insistan, insistan mucho, aunque sus hijos queden con rabia de ustedes. En la asociación, no les gusta que haya mucha interferencia y pueden acabar mandando a los jóvenes de vuelta a casa”, aconseja la mujer.

CAPÍTULO IV: FUI ABUSADO, PERO ME CONVENCIERON DE QUE LA CULPA ERA MÍA.

A partir del relato de algunos ex-integrantes de los Heraldos del Evangélio, Metrópoles localizó un hombre que afirma haber sido víctima de estupro cuando era menor de edad y en la época en que vivía bajo el techo de la comunidad religiosa. Bajo la condición de anonimato, él contó una serie de abusos que habrían ocurrido en los tres lugares por donde pasó cuando participaba de la asociación.
El vídeo a seguir, grabado por la reportera gráfica Rafaela Felicciano, fue hecho en Paraná, donde el ex-heraldo vive actualmente. El hombre nunca denunció el caso a la policía. Cuenta que, durante años, convivió con la culpa y la vergüenza de creer que era el responsable por la violencia iniciada, según afirma, a los 13 años.
Él dejó la congregación después que comenzaron los rumores sobre las relaciones sexuales. Gay asumido, el hombre dice que la terapia y el retorno a la convivencia fuera del ambiente de los heraldos lo ayudaron a superar el trauma pasado.


CAPÍTULO V: QUIÉN ES CLÁ DIAS, EL LÍDER DE LOS HERALDOS

Joao Scognamiglio Clá Dias es llamado por sus seguidores de “Monsenhor”, “Papito” o “JCD”. Nació en 1939, en la ciudad de Sao Paulo. Es el fundador de los Heraldos del Evangelio. Durante décadas integró la Sociedad Brasileña de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad (TFP), una organización civil de inspiración católica ultraconservadora. La TFP combatió el comunismo en Brasil y se esparció por el mundo bajo el liderazgo intelectual del lego Plinio Correa de Oliveira. Quien fue el diputado más votado en la Constituyende de 1934 por la Liga Electoral Católica. Durante la dictadura, la influencia a la derecha ganó proyección en defensa de los gobiernos militares. El poder político alimentó su liderazgo religioso. 
Joao Clá Dias se volvió uno de los seguidores más próximos de Plinio y era llamado por él de “discípulo perfecto”.
El encuentro de los dos fue por acaso. Clá Dias frecuentaba las clases del historiador católico Orlando Fedeli, que lo invitó cierta vez para ir a una de las reuniones de la TFP. Allá conoció a Plinio, de quién en seguida se aproximó.
En la página de internet que lleva su nombre hay una biografía con la trayectoria académica del líder religioso. Según el texto, Clá Dias se formó en derecho por la Facultad del Largo de San Francisco, en Sao Paulo. Pero su carrera se volvió para las cuestiones religiosas a partir de la convivencia con Dr. Plinio.
Los dos compartían con fervor la tesis de que existen a penas dos corrientes históricas en el mundo: la revolucionaria (protestantismo, Revolución Francesa, comunismo, liberalismo) y la católica. Ese grupo, del cual ambos hacían parte, pasó a ser mal visto entre la cúpula de la Iglesia Católica, principalmente después del Concilio Vaticano II, que abrió la iglesia para la modernidad, rechazada por los principios de la TFP. 
Después de la muerte de Plino Correa, en 1995, hubo una grande división en el grupo. Un ala, que era liderada por Joao Clá Dias, pretendía dedicarse más a la actividad religiosa. Ya la otra priorizada las prácticas políticas.
Después de un largo embate judicial, Clá Dias obtuvo el derecho de continuar usando la marca TFP. Sin embargo, optó por crear un nuevo grupo. En 1999, fundó los Heraldos del Evangelio. Seis años después, se ordenó sacerdote, en 15 de junio de 2005. Después, logró el título de monseñor. En 2001, el grupo consiguió el reconocimiento del papa Juan Pablo II.
Justo después que filtraron los vídeos de los supuestos exorcismos en 2017, Joao Clá Dias renunció al comando de los Heraldos del Evangelio. Oficialmente, quien lo sustituyó en el puesto fue el padre Alex Barbosa de Brito. Pero, en la práctica, él todavía ejerce el liderazgo absoluto en los heraldos.

ADORACIÓN A CABELLOS Y UÑAS DEL MONSEÑOR

El sentimiento que los heraldos demuestran por el líder Clá Dias es de adoración. Al ingresar, los niños son orientados a consagrarse como “esclavos” del religioso y pasan a recibir como recompensa objetos tratados como reliquias. Son pedazos de ropa y partes de su cuerpo, como mechones de pelo y pedazos de uñas. Incluso el agua usada para lavar sus ropas es tratada como si fuese sagrada y usada en ceremonias para “expurgar demonios”.

CAPÍTULO VI: DE DÓNDE VIENE EL DINERO QUE FINANCIA A LOS HERALDOS

La primera organización ligada a los Heraldos del Evangelio fue fundada por Clá Dias, en septiembre de 1997. Era llamada de Asociación Cultural Nuestra Señora de Fátima. Otras tres instituciones fueron registradas en los años siguientes: Asociación Brasileña Heraldos del Evangelio, iniciada en agosto de 2000; Asociación Católica Reina de las Vírgenes, de marzo de 2007; y Sociedad Clerical Virgo Flos Carmeli, que pasó a existir en noviembre de 2007. Cada una de ellas posee una centena de filiales esparcidas por todo el país.
En todas las referencias a las asociaciones sin fines de lucro, se evita el vínculo con los Heraldos del Evangelio, así como las menciones a Clá Dias, Plinio o su madre, Lucilia. Según un ex-integrante de la organización religiosa, la idea es apartar la imagen polémica de los Heraldos y de la TFP de las campañas de recaudación. El mayor argumento usado por los integrantes que se dedican a la misión de reunir donaciones es que el dinero se destina a entidades devotas de Nuestras Señora de Fátima.
Según un ex-integrante de la comunidad religiosa que trabajó en el área financiera de la institución y conversó con Metrópoles bajo la condición de anonimato, la renta mensual de los Heraldos en 2015 era de 11 millones de reales. 
El dinero recaudado viene de católicos de Brasil y de otros países, como Portugal, España e Italia. Esos recursos hicieron viable la construcción de los castillos. Los valores son obtenidos por medio de donaciones vía correo a través de cargo automático en cuenta. En la página “Reclame aquí” hay decenas de quejas de personas que pelearon por la cancelación de cobros hechos por entidades ligadas al grupo.
El abordaje de los recaudadores es hecho personalmente y, en general, ellos van en duplas. En la primera visita, los heraldos llevan el oratorio de Nuestra Señora de Fátima. Según un ex-integrante de la congregación, la dirección de la institución religiosa compraba de empresas centenas de catastros de personas con poder adquisitivo, los potenciales donantes. Estos nombres eran distribuidos para que los misioneros hicieran las visitas. “En más de 150 duplas, en Brasil, que viajaban para el interior del país en busca de donaciones mensuales”, dice el entrevistado.
Según cuenta, las duplas se dividen en “San Telmo y retaguardia”. El primero es responsable por los resultados y metas que son impuestos. El otro queda con las tareas de marcar visitas, conducir, buscar hospedaje, hacer las comidas y compras.
La estrategia es tan minuciosa que, durante las visitas, si aparece alguien que pueda molestar al pedido de donativos, el retaguardia tiene la misión de “entretener” al tercero, mientras el otro convence al visitado. Después de la letanía, los recaudadores piden que los moradores sean padrinos de un seminarista a través de un cargo en cuenta.

CAPITULO VII: LAS SOSPECHAS QUE PESAN SOBRE LOS HERALDOS

Navegando con desenvoltura entre la excentricidad de las ropas, instalaciones suntuosas y la descripción de rituales secretos, los heraldos salieron a la luz pública en la época de la divulgación de los vídeos de supuestos exorcismos.
En la época, las escena chocantes incentivaron a padres a cambiar ideas sobre las prácticas dentro de los castillos. A partir de las conversa, llegaron a la conclusión de que sus hijos eran sometidos a conductas abusivas. Juntos, resolvieron denunciar el caso a las autoridades.
El 14 de junio de 2018, 15 personas firmaron representación al Ministerio Público en Sao Paulo. En un documento de 37 páginas, relatan minuciosamente lo que vieron, oyeron y vivieron en su convivencia con los Heraldos del Evangelio. En el documento, hay elementos sobre relatos de 42 testigos.
La petición contiene una serie de abusos, algunos de ellos que, si son probados, constituyen crimen. “Los jóvenes no tienen conciencia de estar lidiando con un dictador disfrazado, manipulador, el propio fundador, Joao Clá Dias, que agrede física y psicológicamente a niños y jóvenes”, dice un trecho del documento.
Frente a las denuncias, la Santa Sede designó al cardenal don Joao Braz de Avis, actual prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, para investigar el caso. En la misma época, Joao Clá Dias renunció al cargo de presidente de los Heraldos del Evangelio.
El 6 de mayo, un grupo de madres interpuso junto a la Secretaría de Educación del Distrito Federal una denuncia detallada alertando a los gestores la actividad de los heraldos en escuelas públicas de la capital federal. Las mujeres hablaban de captación y exigen medidas en cuanto al acceso de los religiosos a las instalaciones de enseñanza.

EL OTRO LADO

Los abogados que representan a los Heraldos del Evangelio no aceptaron conceder entrevista para el reportaje. Apuntaron algunas cuestiones por medio electrónico. Según dijeron, el procedimiento sigiloso fue fomentado y tuvo inicio por una acción de un grupo de personas que, según afirman, son “sabidamente organizadas y que vienen emprendiendo difamaciones, también provocando en las redes sociales y autoridades de fuera de Brasil, con falsas imputaciones a los Heraldos del Evangelio”.
Niegan, categóricamente, lo que clasifican como infundadas alegaciones.
“Las fuentes responsables por la divulgación de datos de procedimiento amparado por el secreto de de Justicia, más allá de infringir la legislación, aún practican una verdadera, reprensible e inconstitucional persecución religiosa”, dice un trecho del email enviado por los defensores de la institución.
Y siguen: “Teniendo en vista la reconocida seriedad de la asociación, en todos los aspectos, religiosos y seculares, los Heraldos del Evangelio ya están procesando criminalmente, por delitos de difamación, a las partes identificadas del referido grupo, con quejas-crimen distribuidas en el Foro Central Criminal de la Comarca de Sao Paulo”.
La Secretaría de Educación del Distrito Federal encaminó una denuncia para el expediente de Seguridad Pública y abrió un procedimiento interno para investigar las visitas de los heraldos a las escuelas públicas. La investigación todavía no fue concluida.
El nuncio apostólico, que representa al Vaticano en Brasil, no respondió a los pedidos de entrevista. La Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB) informó que no se pronunciaría sobre el hecho, ya que “cabe al Vaticano investigar y proseguir con las investigaciones”.
El Ministerio Público de Sao paulo confirmó, por medio de su asesoría, que las investigaciones de las denuncias están en progreso. Pero los promotores  no se van a pronunciar, pues la investigación corre en secreto de Justicia.

CAPÍTULO VIII: ¿MOVIMIENTO CATÓLICO O SECTA RELIGIOSA?

A partir de la divulgación de los vídeos del supuesto exorcismo que circularon en 2017, los Heraldos del Evangelio pasaron a ser tratado como secta religiosa. Consultamos a diversos especialistas para esclarecer el origen del término “secta destructiva”.
La autoridad en cultos y fundador del “Cult Education Institute”, el norteamericano Rick Alan Ross aclara que existen tres principales características para ese concepto:
1. La existencia de un líder autoritario y absoluto que se vuelve el objeto de adoración. Ese personaje es la fuerza motriz de la secta.2. El líder usa persuasión coercitiva y reforma de pensamiento, un lavado cerebral, para obtener influencia indebida sobre sus seguidores.3. Ese líder usa su influencia para explorar o perjudicar a sus seguidores.
Según Ross, el poder que el líder de una secta pasa a ejercer sobre un grupo es “comúnmente alcanzado a través del aislamiento social, control del comportamiento y control emocional” sobre las personas.
“En la medida en que tú puedes controlar lo que es alimentado en la mente, tú puedes controlar la propia mente”, dice el norteamericano.
De acuerdo con el psicólogo español especialista en sectas Miguel Perlado, los daños psicológicos que pueden ser causados por “sectas destructivas” son complejos y pueden dejar marcas de por vida. Explica que las secuelas son mayores en niños que en adultos.
“Esa diferencia se da por el hecho de que los adultos ya traen un bagaje cuando entran a la secta. Los niños no tendrían otra referencia que no sea la estructura ofrecida por el grupo”, alerta Perlado.