Sacamos a nuestros hijos de los Heraldos del Evangelio porque fuimos traicionados. Pensábamos que las fotos de Juan Pablo II con Joao Clá servían para confiar nuestros hijos a los Heraldos.
Y cuando descubrimos la verdad y los sacamos de allá, somos los MALEDICTOS, enemigos mortales y somos hasta mencionados en misa con maldición contra nosotros.Somos los MALEDICTOS porque disminuimos el contingente de soldados de su ejército, disminuimos la fuente de dinero que nuestros hijos dejaron con ellos presos de conciencia para siempre, hipnotizados por el miedo o quién sabe si quedarán enfermos un día para ser descartados de una vez?
Son los “maledictos” que usan este blog para gritar para otros padres sobre el peligro de dejar a sus hijos con ellos.
Somos MALEDICTOS porque tenemos el coraje de hablar la verdad aquí, hasta el punto de recibir ataques y no sentirnos intimidados!
Nuestra fuerza? La oración!!!
Somos unas pocas madres que rezan una vigilia de 40 días.
Pero la líder de nuestro grupo es Nuestra Madre, La Madre del Cielo!!! Es Ella que está en cada acción de estos “MALEDICTOS“. Cuántas gracias ya recibimos!!!

  • Padres y más padres que sacaron a sus hijos;
  • Escuelas que prohibieron su entrada;
  • Niños contando todo lo que esconden de nosotros;
  • Más de 40 denuncias a la Fiscalía;
  • Adultos retomando la conciencia y rehaciendo sus vidas;

Comparado con las muchas familias ligadas a los Heraldos, sabemos que esto puede no ser nada… Pero por qué será que los “maledictos”, pequeño grupo de padres valientes consiguen incomodar tanto?! Por qué desafían a los poderosos Heraldos del Evangelio sin miedo? Se acuerdan de David y Goliat?? Pues entonces, los MALEDICTOS siguen en esta causa, con confianza, muy bendecidos con la protección de Nuestra Señora del Perpétuo Socorro, sabiendo que no hay maldición que la Madre del cielo no quiebre.
Bendecidnos, Madre, contra todo hechizo y quebrad toda maldición lanzada sobre nosotros y nuestros hijos. Y también librad a todos nuestros enemigos de todo mal con el poder de la preciosísima sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que conmemoramos ahora en el mes de Julio. Amén.