Los padres de San Francisco son contrarios a su vocación. Al final, se convierten y padres e hijo quedan unidos por la fe. 
En los Heraldos del Evangelio es al contrario. Los padres de los niños están a favor de la vocación. Pero al final, cuando descubren la mentira del culto pliniano, las familias se dividen. Los hijos se vuelven contra los padres para seguir la fábula creada por Joao Cla.
A los Heraldos del Evangelio les gustan las historias de santos para justificar su propia doctrina. Entonces, ellos escogen a los santos que pueden ayudar a montar un mosaico para transmitir el mensaje que les conviene para el niño. Ellos no escogen cualquier santo. En el caso de San Francisco por ejemplo, la historia usada internamente está totalmente distorsionada para sugerir que él abandonó su vida rica, se puso en contra de sus padres y hasta los abandonó para cumplir su misión, su vocación. Pero, la verdadera historia es que San Francisco era un joven, ya mayor de edad que decide largar su fortuna contra la voluntad de los padres y frente a esa situación, el padre decide tomarlo preso. San Francisco, a pesar de ser mayor de edad, humildemente acepta la prisión y más tarde todavía consigue probar al padre su fe y consigue convertir al padre. Una historia linda de conversión de familia, de unión de la familia en pro de la verdad y de la fe. Pero en los Heraldos, la historia es bien diferente. 
Los padres, a diferencia de los padres de San Francisco, aprueban la vocación de sus hijos, que son niños, a diferencia de San Francisco que era adulto. Los niños van siendo puestos en contra de la familia, la misma que consintió su entrada y su “vocación”. El niño allá adentro va aprendiendo paulatinamente que la familia es un obstáculo para su salvación y cuando el padre descubre la mentira que es contada internamente, muchas veces, el lavado cerebral ya fue hecho y muchos ni confían más en los padres. Todo que comienza con una mentira termina en mentira y la mentira genera separación, división entre los padres e hijos, que es en verdad plantada por los Heraldos del Evangelio. ¡Los padres que consiguen sacar a sus hijos necesitan tener la certeza de que los están salvando! Con los hijos de vuelta en casa, la verdad, la paciencia, el amor y el tiempo van deshaciendo las mentiras y la verdad liberadora vuelve a unir padres e hijos.