Superviviente o “ex-miembro” de un grupo manipulador, normalmente es una persona que se solidariza con sus semejantes. Claro, las experiencias sectárias dependen de muchos factores. No es posible decir que el ex miembro “A” tuvo la misma experiencia que el ex miembro “B”. A veces, la única experiencia en común es que ambos salieron. Pero, por ejemplo, “A” fue expulsado del grupo mientras que “B” salió por motivos de salud, o porque sus padres lo sacaron. En fin… ni siquiera todo ex-miembro de secta es igual y reacciona de la misma manera.
“Los seguidores tienen tres alternativas básicas para dejar la secta: salen, son expulsados (muchas veces cuando están “muy quemados” tanto física como psicológicamente), o son aconsejados para salir. Aunque tengan la suerte de poder dejar el grupo destructivo, la adaptación para vivir en el “mundo real” puede ser muy difficult. Si no reciben informaciones y consejos adecuados después de dejar la secta, las fobias inducidas por el grupo, que mantienen en su subconsciente, van a transformarlos en itinerantes “bombas de reloj”. Mas allá de eso, mucho seguidores han vivido tanto tiempo sin haber hecho cualquier tipo de trabajo normal o vida social que el proceso de reajuste para la vida adulta se vuelve muy difícil para ellos. Hay personas que, después de dejar la secta, vuelven a unirse a ella. Aunque, según mi experiencia, estas personas sean generalmente la excepción que confirma la regla, demuestran claramente como son vulnerables las personas que acaban de abandonar un ambiente mentalmente controlado” (Steve Hassan, Las técnicas de control mental de las sectas y cómo combatirlas).
En muchos casos, ex-miembros, a su vez, se transforman en instrumentos aptos para ayudar a las víctimas de procesos de control mental, pues saben, de primera mano, lo que pasa en la mente de una persona sectarizada.
Justo después de haber salido de un grupo manipulador destructivo católico, también me deparé, y todavía me deparo, con algunos casos de ex-miembros que prefieren no hablar sobre su experiencia y sienten hasta un cierto placer en corregirme y decir que la experiencia de ellos no se parece en nada a la mía.
Estos me dicen, cada vez que me escuchan hablar o escribir: “yo no tuve esa experiencia tan negativa”, y dicen que “cada uno tuvo una experiencia muy personal y propia”, dándome a entender que lo mejor que yo debería hacer es guardar silencio porque, dado que mi experiencia no es universalmente válida, no sirve de nada continuar importunando con eso.
Los oigo siempre, pero nunca me convencen totalmente. Por qué será?
En las palabras del clásico libro citado arriba, del psiquiatra americano Steve Hassan, muchos de esos ex-miembros pueden ser aquellos que él denomina de “fugitivos”, que todavía están dominados por los sentimientos de culpa y guardan, en secreto, su afiliación al grupo sectario.
No digo que, como ex-miembro, debamos dedicar toda la vida a destruir la secta de la cual fuimos miembros. Sin duda, es mucho mejor dedicar una vida a una pasión, a algo que nos entusiasme, de que a algo que nos destruyó y causó daños.
Un día se aproximó a mí un señor, casado, con hijos, empleo, y tuda una vida organizada. Fue un colega de los tiempos de la secta. Aunque había salido hace más de 15 años, quedé impresionado con la tristeza que cargaba dentro, al tocar el asunto de nuestro pasado. Parecía que cargaba un peso terrible, una carga que nunca pudo tirar para afuera. Su opción -me dijo- fue la de siempre callarse, ni siquiera procurar saber las verdades publicadas sobre el grupo del que hizo parte. Y, por lo visto, el resultado no fue el que esperaba.
Personalmente, siempre encontré que la cuestión es dolorosa, pero simple: o tú te decides a zambullirte en el pasado, para aceptarlo, y superarlo cada día, o ese pasado, más tarde o más temprano, te puede dar una sorpresa, con toda la fuerza,  a horcajadas, llevándose por delante todo en tu interior, y poniendo en riesgo incluso tu propia salud mental.
O sea, guardar todo en una maleta mental, como si eso resolviese las cosas, puede ser como construir una bomba de reloj.
Claro, cada cual es cada cual. Pero, si la persona siente que necesita hablar, comunicarse, no puede dejarse silenciar.
Hay y siempre habrá aquellos que niegan los efectos destructivos de un proceso de manipulación y programación. Comenzando por parientes, amigos, personas próximas, y hasta algunos ex-miembros que preferirían que simplemente diésemos vuelta a la página, estudiásemos para una oposición y trabajáramos, así como ellos hacen…
Pero, no son pocos los ex-miembros que tardan años en desactivar en su propia mente principios e ideas destructivas que fueron implantadas en la cabeza.
Recientemente, otro amigo muy próximo, me dijo, en tono de confianza, haber tardado más de una década para conseguir librarse de la experiencia que tuvo por pasar 1 mes en la misma secta en la que yo me quedé por 15 largos años. Eso mismo. Él sólo pasó un mes allá y tardó 10 años en librarse de las consecuencias. Lo que me sorprendió es que ese mismo amigo siempre me dijo que diera vuelta a la página y aparentemente nunca dio oídos a mis quejas personales, diciendo que yo debía “dar vuelta a la página”… Ya no me sorprendo cuando ese tipo de amigos, más tarde o más temprano, me procuran para desahogarse de traumas que todavía los asustan e incomodan.
La mente es capaz de recibir nuevas informaciones y retenerlas para siempre. Eso es válido tanto para cosas perjudiciales como para cosas buenas. Tal vez hayas pensado que dejaste la secta al salir por la puerta, pero se puede tardar años para localizar y desactivar las bombas de reloj que colocaron en tu mente.
Infelizmente, son pocos los terapeutas y pedagogos capacitados y con formación para ayudar a ex-miembros de sectas. Hay muchos que salen y, en el fondo, continúan dando crédito a las cosas aprendidas dentro del grupo destructor y que, incluso, continúan participando de estructuras pertenecientes al grupo en cuestión. Es como si, en su corazón, continuasen esperando el día en que la política del grupo cambiara, para que pudieran volver. Son incapaces de comprender que el grupo está estructurado y anclado sobre fundamentos manipuladores y destructivos.
Haber salido de un grupo manipulador destructivo ya es un paso considerable y muy importante. Estás físicamente libre!! Amén! Aleluya, hermano! Pero, puede ser que psicológicamente, todavía tardes algunos añitos…
Cuanto más encares tu pasado, con paz, dando tiempo al tiempo, sin presionarse para reconstruir la vida de la noche a la mañana, más irás encontrando las cosas buenas que tu experiencia sectaria te dio (por cierto, nunca existen sólo cosas negativas, por peor que sea la experiencia personal), y más iras descubriendo aquellas ideas, fobias, trabas que la secta consiguió implantar en tu mente, para ir desatando uno a uno. No subestimes la mente humana y no subestimes las técnicas de control mental usadas sobre ella.
Mi consejo? Literalmente, conviértete en un devoto de Nuestra Señora desatadora de nudos. Para pocas personas esa devoción tiene más sentido que para un ex-miembro de grupos así. Y Nuestra Señora, la verdadera, (no la que usaron para manipular tu mente), te va a guiar por un camino maravilloso hasta su Hijo, Camino, Verdad y Vida.